Si bien mi incursión en la docencia fue por invitación y no por convicción, con el paso del tiempo esta se convirtió en una actividad agradable. Fui dejando atrás este pánico escénico y falta de compromiso, que con el tiempo se convirtió en convicción, estoy convencida.
Como menciona Paulo Freire en su primera carta; empecé a aprender no necesariamente de los errores cometidos, lo empecé a hacer a través de esa “humildad” para repensar lo pensado.
José Manuel Esteve; plantea que nadie nos enseña a ser maestros, sin embargo, esta práctica diaria me ha permitido perfeccionar mi quehacer docente.
Indudablemente la lectura ha permitido que yo aprenda al igual que mis alumnos. He dejado atrás esa idea del que el profesor es una enciclopedia, ellos también generan en mí el conocimiento. He aprendido a ser crítico y reflexiva.
La interacción en el aula, que se da entre personas, me ha llevado a ser “humilde”, a formar mi identidad propia como profesor, puedo distinguirme entre mis colegas, cada uno tenemos un cumulo de cualidades maravillosas. He aprendido a identificar y aceptar mis aéreas de oportunidad.
El pánico escénico, que comenté en mi anterior participación, se ha superado, al implementar estrategias que han permitido que exprese con claridad los contenidos y la explicación de estos a mis alumnos.
El ser más “humanos”, Esteve refiere, permite que vivamos nuestro trabajo, esto nos llevara a tener felicidad, a realizar este trabajo con agrado o desagrado. Y yo, refiero la primera.
Después de reflexionar en cada una de la lecturas, pero sobre todo en “La aventura de ser maestro” de José Manuel Esteve, mi sentir en el ser y hacer docente me ha permitido ver y recordar lo maravilloso que es ser maestro. No es tan caótico como lo creí en algún tiempo.
Gracias por permitirme compartir.
Saludos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario